Me pusiste retos tan difíciles que todo lo sencillo me parece complicado.
Cuando yo me refugiaba en la sombra, llegaste con una mirada llena de luz, dispuesto a ayudarme iluminando todas las piedras y así, no tropezar con ninguna.
Tenías una obsesión muy grande con los baches del camino, siempre ibas con el cuidado de que no me hundiese en ninguno, que eran peligrosos, decías.
Yo era feliz. Me cuidabas tanto que me sentía pequeña de nuevo. Me pasaba la mañana pensando en volver a verte, en seguir compartiendo contigo todo el tiempo que tenía.
Al principio venías a verme siempre que tenías un rato libre, y lo que yo antes veía gris poco a poco se fue convirtiendo en una primavera continua.
Era capaz de hacer locuras por ti, me fugaba de clase solo por volver a estar entre tus brazos.
Todo me parecía poco, sacaba tiempo de donde no le tenía y nada me frenaba ante las ganas de verte otra vez.
Paso a paso me enamoré y caí en tus manos.
Y ahí me quedé, sin querer salir.
¿Sin querer, o sin poder?
Nada me podía ir mejor. Cada mensaje, cada llamada, cada momento..todo se nos hacía poco.
Pero un día tú quisiste más.
Mis amigas ya no eran mis amigas, estaba tan enganchada a tu veneno que no me había dado cuenta que me estaba perjudicando por fuera.
Pero no me importaba, yo seguía siendo feliz.
Empecé a ver borroso todo lo que no llevaba tu nombre. Ignoraba cada cosa que no tenía que ver contigo. Ya sólo me importabas tú. Yo no era consciente de que te estaba dejando ser el dueño de mi vida.
A mi todo me parecía bien si salía de ti. Al fin y al cabo, estaba enamorada.
Olvidé que para quererte a ti, primero tenía que enamorarme bien de mi.
Mi voz desapareció.
Mi sonrisa se esfumo con el humo de tu último cigarro.
Tus abrazos dolían demasiado.
Pero yo te seguía queriendo. O quizás es que me sienta obligada a hacerlo.
Yo misma te creé.
Todo llegó a más. Mi piel cambiaba de color, ahora era más oscura. Tenia zonas moradas y algún que otro desperfecto con secuelas. No sabía porque te comportabas así.
Era totalmente inmune a lo que estaba pasando. No tenía ni voz ni voto en nuestra relación. Ya, dolían también los besos, y me veía sometida a acciones involuntarias hacia mi interés.
En el momento en que todo se apagó, no volví a verte la cara. Y continúe con el miedo de que todos erais iguales.
Aun me duelen algunos momentos, golpes, miradas palabras... Aun me duele tu cicatriz.
Pero sé que voy a poder cerrarla, o al menos, habrá alguien que pueda hacerme sentir la mujer que soy, tal como me merezco y nos merecemos todas.