Monté en el avión con una angustia que me inundaba cada uno de los poros, dentro y fuera de la piel. Y recordé tantas cosas, tantos momentos.. Los mejores hasta ahora. El cristal se empañó y las gotas de lluvia corrían por la pequeña ventana al mismo tiempo que nos alejábamos cada vez más del suelo. Y volví a recordar momentos.
Recordé y me sentí bien, a veces recordar no es solo sonreír y arañarse, a veces es felicidad.
Recordar aquel pastel de chocolate que tanto te gustó en el cumpleaños de tu amiga, esas galletas que comías por las tardes que ya no se han vuelto a fabricar...de ahi, a empezar ver amanecer con un vaso de Larios Limón en la mano.
La vida son momentos, diría.
La vida vuela, volvería a decir.
Pero no estamos hablando de eso, ¿verdad?
Centrémonos en lo importante, centrémonos, aterricemos, que estamos en España y todo esto ha terminado.
Ahora hay que fabricar más recuerdos para el próximo viaje en avión.
O quizás este viaje aún no ha terminado porque es el que tengo contigo aqui, en la cama, con la ropa adornando el suelo y los sentidos despiertos. No me dejes nunca aterrizar.
viernes, 23 de octubre de 2015
✈
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